Nuevo Cura Párroco de la Saleta desde el 1 de septiembre de 2019

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D. Álvaro Marino Ojeda Gutiérrez de Tovar

El obispo de Getafe D. Ginés García Beltrán le ha encomendado a D. Álvaro Marino Ojeda Gutiérrez de Tovar hacerse cargo de la Parroquia Nuestra Señora de la Saleta de Alcorcón. El nombramiento hecho público el pasado miércoles 3 de julio se hará efectivo a partir del próximo 1 de septiembre de 2019.

D. Álvaro nació en Madrid el 29 de febrero de 1972 y fue ordenado sacerdote en Getafe el 28 de marzo de 1998. Actualmente es Párroco en la Parroquia Santiago Apóstol de Villaviciosa de Odón.

Será acompañado durante el nuevo curso pastoral 2019/2020 por el actual Vicario Parroquial D. Saju George, SVD.

Encomendamos su tarea.

Palabras de D. Ginés García Beltrán en la renovación de la Consagración de España al Corazón de Jesús

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Al comienzo de esta celebración eucarística en la que renovaremos la Consagración de España al Corazón de Jesús como se hiciera hace cien años en este mismo lugar, quiero saludar y dar la bienvenida a todos los que participáis de una u otra manera en este acontecimiento, sin duda, importante para la Iglesia que camina en España.

Saludo a los Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos, y en especial agradezco a nuestro Arzobispo Metropolitanos, el Cardenal D. Carlos Osoro, la presidencia de esta celebración.

A los sacerdotes y diáconos, a los consagrados, seminaristas, y voluntarios mi saludo en el Señor.

Y a vosotros, hermanos y hermanas en el Señor que llenáis este Cerro de los Ángeles, tanos en la explanada con en el pinar.

Con respeto y afecto saludo también a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas que hoy nos acompañan. Que Dios os lo pague.

Y a vosotros, fieles que seguís esta celebración, y os uniréis después al acto de consagración, a través de los medios de comunicación social, en la 2 de TVE, Radio María, y las distintas redes sociales. Un saludo especial para los ancianos y enfermos.

Desde que se abrió la Puerta Santa de esta Basílica el pasado mes de diciembre, un verdadero río de gracia se ha derramado, y se está derramando, en este lugar. Son miles los peregrinos que llegan de toda la geografía española buscando el encuentro con el Señor en el misterio de su Corazón, participando en la celebración de la Eucaristía y del perdón, y poniéndose bajo la protección maternal de la Virgen, nuestra Madre de los Ángeles.

La imagen del Corazón de Jesús que preside este Cerro, centro de España, abre los brazos para acoger a todos. Es el abrazo del amor de Dios a la humanidad, creada con bondad y belleza a imagen del Creador, pero herida por el mal y el pecado que necesita siempre de la misericordia divina.

Ahora conmemoramos un hecho histórico que recordamos con agradecimiento. España en un momento socialmente difícil se consagró al Sagrado Corazón de Jesús, cosechando muchos ejemplos y frutos de santidad, como S. José Mª Rubio o Santa Maravillas de Jesús. La historia de estos cien años no ha sido fácil, muchas cosas han cambiado, o las hemos destruido, pero permanece el amor de Dios al que representa el misterio del Corazón de Cristo. El amor de Dios es una invitación constante a cambiar nuestro corazón a imagen del suyo y a cambiar el mundo construyendo la gran civilización del amor. Entonces, podemos preguntarnos, ¿por qué no renovar esta Consagración para seguir dando los frutos de santidad que necesita la Iglesia y el mundo de hoy?

En este Centenario no nos mueve más que el amor de Dios que hemos de anunciar con renovadas fuerzas a nuestros contemporáneos. Quiere ser un acontecimiento evangelizador y misionero, por ello, nos volvemos a Cristo para aprender de Él la “lógica del Corazón”, porque el momento presente exige, quizás más que nunca, evangelizar desde el Corazón. Deseamos que este Año Jubilar marque un hito en la conversión misionera a la que nos llama la Iglesia por boca del Papa Francisco. El lema que hemos elegido para este Año Jubilar, “Sus heridas nos han curado”, es una llamada a curar también nosotros tantas heridas que hay en el corazón del hombre y en las entrañas del mundo. Poner amor donde hay odio y división, poner paz donde hay guerra e incomprensión, poner justicia en las desigualdades y en la corrupción, poner libertad en medio de tantas esclavitudes, poner alegría cuando el corazón se ha instalado en la tristeza por la falta de esperanza, es poner la gracia donde el pecado y la ausencia de Dios han llevado al hombre al infierno.

La celebración de este Año Jubilar quiere ser también la invitación a seguir transmitiendo a los niños y a los jóvenes el amor y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Enseñar a nuestros hijos que hay alguien que los ama más allá de sus debilidades y fracasos, de sus pecados, es un darles la llave de la dicha.

Gracias de corazón a todos los que estáis haciendo posible la celebración de este Año santo y esta consagración de España al Corazón de Cristo.

Como tantos hemos aprendido desde niños, en nuestras propias casas, como han repetido generaciones de creyentes, de santos, nuestro acto de confianza hoy es volver a decir desde lo más profundo de nuestro ser: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”.

D. Ginés García Beltrán

Obispo de Getafe

Getafe, 30 de junio de 2019

Oración de la renovación de la Consagración de España al Corazón de Jesús

Oración que se pronunció, el domingo, 30 de junio de 2019, al finalizar la Santa Misa de acción de gracias por el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles. La oración fue rezada por todos los asistentes, siendo presidida por el Arzobispo de Madrid, Card. Carlos Osoro Sierra, quien estuvo acompañado por el Nuncio de Su Santidad en España, don Renzo Fratini, por el obispo de Getafe, don Ginés García Beltrán, su obispo auxiliar y numerosos cardenales, arzobispos y obispos.

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Señor Jesucristo, Redentor del género humano,
Sacerdote eterno y Rey del Universo:
nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza,
con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo,
al cumplirse el centenario de la consagración de España a tu Sagrado Corazón,
los fieles católicos volvemos a postrarnos en este lugar
donde se levanta este trono de tus bondades,
para expresar nuestra inmensa gratitud por los bienes innumerables
que has derramado sobre este pueblo de tu herencia y de tus predilecciones.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo,
te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón,
el cual, traspasado por nosotros, es fuente de nuestra alegría y manantial
del que brota la vida eterna.

Reunidos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre,
renovamos la consagración que fue hecha aquí hace cien años a tu Sacratísimo
Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.
Al renovar la consagración de España,
los fieles católicos expresamos nuestro ferviente deseo
de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordia,
impulsando, en comunión con toda la Iglesia,
una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio.

Cuando la Iglesia nos llama por la voz del Sucesor de Pedro
a impulsar una nueva evangelización, concédenos salir valerosos
al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos
para llevar a todos el bálsamo de la misericordia que brota de tu Corazón traspasado.
Que a todos anunciemos con mansedumbre y humildad: ¡sus heridas nos han curado!

Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino,
que es Reino de justicia y de amor.
Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares,
en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras,
y en nuestras leyes e instituciones.

Concédenos permanecer siempre junto a María,
Madre tuya y Madre nuestra, como en la víspera de Pentecostés,
para que el Espíritu Santo produzca un profundo rejuvenecimiento de la fe en España.
Que nuestro pueblo, tierra de María, sepa recibir y custodiar
los frutos santos de su herencia católica para que pueda hacerlos crecer
afrontando con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro.

Líbranos del maligno
y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.
Que al consagraros nuestra vida,
merezcamos recibir como premio de ella
el morir en la seguridad de vuestro amor
y en el regalado seno de vuestro Corazón adorable.

¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti,
al Padre y al Espíritu Santo,
único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos!
Amén.

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